miércoles, 7 de agosto de 2013

Por qué creemos que trabajamos más que el resto




Es un sesgo. Y produce que nuestro cerebro sobrevalore y tenga más a la mano nuestras propias contribuciones que las de los demás.


Por Fernanda Derosas



Cuando en 1923 los canadienses Frederick Banting y John Macleod ganaron el premio Nobel de Medicina por el descubrimiento de la insulina, ocurrió un hecho inesperado. Banting, indignado por el crédito dado a Macleod, boicoteó la ceremonia en Estocolmo y dividió el dinero con otro investigador que había participado en el proyecto. Banting sentía que el descubrimiento se debía principalmente a sus propios méritos.



Creer que trabajamos más que cualquier otro es una sensación repetida cuando estamos en equipo. Creer que sin nuestra participación el resultado del trabajo no hubiese sido tan bueno, lo mismo. O que fulano ganó puntos sin haber hecho el suficiente esfuerzo, porque el peso pesado se lo llevó uno, también.



Claramente, la opción “trabajamos todos por igual” no aparece mucho. Y claro, en parte, es porque somos algo egoístas. Pero también hay un trasfondo. Lo que ocurre, según los especialistas, es que en nuestra cabeza se produce un sesgo cognitivo llamado sesgo de disponibilidad, que lo que hace es producir una desviación en el procesamiento de lo percibido, es decir, lleva a cometer juicios inexactos o a hacer una interpretación ilógica de la situación, en este caso de la atribución del trabajo realizado.



Estos sesgos surgen como una necesidad evolutiva para la emisión rápida ante ciertos estímulos, problemas o situaciones. Pero como no podemos procesar toda la información disponible, se filtra de manera selectiva y subjetiva.



Todo esto, en resumidas cuentas, es que cuando trabajamos en equipo, nuestro cerebro capta mucho más nuestro propio esfuerzo y retiene en mayor medida lo que nos parece más importante, en este caso nuestras experiencias personales, simplemente porque son nuestras. Esto crea una brecha entre percepción y realidad.



Un estudio realizado por un grupo de sicólogos de la U.de Harvard y publicado en American Psychological Association quiso comprobarlo: seleccionó una serie de estudios realizados por grupos de científicos y publicados en revistas de ciencias de renombre. Vía email, los investigadores mandaron un cuestionario de preguntas a los autores sobre sus percepciones en cuanto al trabajo en grupo. Los resultados demostraron que gran parte de los participantes atribuían el trabajo a ellos mismos.



Frente a esto, concluyeron que existen dos mecanismos que hacen que las personas se atribuyan un exceso de responsabilidad: el razonamiento motivado y la accesibilidad diferencial. En el primero, las personas se sienten motivadas a verse a sí mismas de manera superior. Sentir que han hecho todo el trabajo. Es una estrategia cerebral eficaz en la mejora de la autoimagen y ayuda a mantenerla vigente.



Sin embargo, el hecho de atribuir todo el esfuerzo a uno mismo, es también producto de lo que llaman el acceso diferencial de la información, es decir, que hace que no nos fijemos en las contribuciones de los demás, porque estamos más atentos en nuestras propias contribuciones. Los investigadores, además, encontraron que incluso la persona más desapasionada del grupo llega a la conclusión de que ha contribuido más de lo que justifica.



De acuerdo a los investigadores, esto justamente es uno de los temas que atrae más conflicto en los grupos de trabajo. Esto, porque al sentir que se hizo más trabajo que los demás, la posibilidad de hacer algo nuevamente en conjunto se anula. O simplemente trae conflictos en el grupo por parte de los que sienten que trabajaron, pero no están siendo considerados por sus compañeros.