Los
jugadores del Madrid se quedaron perplejos en el clásico ante el plan de
Mourinho, que no les permitió elaborar el juego
Por: DIEGO TORRES
José
Mourinho anunció la alineación del clásico antes de salir hacia el Bernabéu
para evitar filtraciones. Al oír la lista de nombres los jugadores más
veteranos de la plantilla se quedaron perplejos. "¡Madre mía!",
murmuró uno, "¿pero adónde vamos así?".
Cuando
Mourinho fichó por el Madrid, hace un año y medio, su agente, Jorge Mendes,
solía decir: "José nunca ha tenido una plantilla con tanta calidad como
ésta". Ahora, gran parte de los futbolistas que componen esa plantilla,
hacen cuentas. Reflexionan que en el Oporto se encontró un equipo hecho de
jugadores de brega y en el Chelsea, donde dispuso de todos los medios para
contratar a los mejores talentos, se obstinó en fichar tanques con más cuerpo
que calidad técnica: Drogba, Essien, Ferreira... Cuando Abramovich le llevó a
Shevchenko no supo cómo sacarle rendimiento. "En su patrón de juego sólo
entra una manera muy concreta de jugar", opina un futbolista del Madrid.
"No sabe utilizar equipos de calidad y acaba eligiendo a los jugadores de
lucha antes que a los técnicos. Si entrenase al Valencia ganaría más
títulos".
En
el vestuario perciben que el discurso de Mourinho no es adecuado para estimular
a futbolistas finos. Su elección ante el clásico lo retrató. No concedió ni un
minuto a Marcelo -el lateral más desequilibrante del planeta-, ignoró a Sahin,
y despreció a Kaká -un balón de oro-. A Özil y Granero apenas les dio 20
minutos. A sus atacantes más prolíficos, Benzema y Cristiano, les concedió la
titularidad pero los puso a tapar las bandas. Debieron correr más hacia atrás
que hacia adelante. Benzema y Cristiano son dos de esos tipos desencantados que
creen que, en otras condiciones, podrían brillar más. El miércoles hasta Xabi
Alonso, el organizador del equipo, tuvo que abandonar esa tarea para auxiliar
defensivamente a Altintop frente a Iniesta. El Madrid se quedó sin faro por
orden de Mourinho.
Hay
jugadores que le están empezando a perder el respeto profesional porque creen
que Mourinho no sabe cómo entrenar al equipo para que lleve el peso de los
partidos. "Para ganarle al Barça hace falta algo más que los
contragolpes", aseguran. En la charla táctica previa al clásico del
miércoles el técnico hizo hincapié en renunciar a la elaboración, en jugar
rápido hacia adelante, aunque para ello fuera preciso perder precisión en los
pases. Les pidió que se saltasen la transición incluso más que en el clásico
del 10 de diciembre.
Otras
derrotas en clásicos precedentes encontraron a Mourinho firme en el vestuario
lanzando arengas a sus hombres. La última vez (1-2) fue diferente. No dijo
nada. Rehuyó el contacto con la plantilla y el ambiente en las duchas era
fúnebre. Propio de un grupo dividido por la crisis de identidad. "Si
reniegas del balón contra el Barça acabas fundido de tanto correr porque no
puedes parar de hacer la presión en bloque con ocho jugadores,
permanentemente", decía uno de los perdedores. "Así acabas cansándote
más, abriéndote, y encajando goles como el de Abidal".
La
crisis del clásico del miércoles comenzó a gestarse en el clásico que lo
precedió. Acabado el 1-3, el 10 de diciembre, lo primero que hizo Mourinho
cuando bajó al vestuario fue reprochar a los jugadores por la derrota.
"¿No queríais jugar al ataque?", les espetó. "¡Pues ahí lo
tenéis!". El técnico había sacrificado a Khedira para poner a Özil en un
acto que pretendió ser una concesión a la sensibilidad del equipo, sobre todo
del grupo español. Ante el fracaso les echó en cara la fórmula. Los jugadores,
entre ellos, atribuyeron la derrota a la súbita alineación de Coentrão en el
lateral derecho. "El Barça tuvo suerte porque nosotros jugamos con
Coentrão", bromearon.
En
los días que siguieron al 1-3 los futbolistas notaron que el entrenador se
distanciaba. Como si estuviera resentido con ellos. Como si se sintiera
traicionado. La sensación de desconfianza arraigó. Los jugadores creen que
Mourinho sospecha de la lealtad de todos y que para vigilarlos envía a Karanka,
Rui Faria y Morais, sus ayudantes, cada vez que se forma un corrillo. El
fenómeno se reproduce puntualmente cuando se reúnen a hablar en grupo. Siempre
aparece un ayudante en las inmediaciones y se hace el distraído, o intenta
meter baza para poner la oreja. El clima es asfixiante. La mayoría de la
plantilla, sin embargo, evita los conflictos. Los futbolistas saben que para
tener minutos de juego, para asegurar su futuro profesional y vivir tranquilos,
lo más conveniente es hablar bien de Mourinho en público. Se sienten débiles
ante el jefe porque dicen que cuenta con el respaldo incondicional del presidente,
Florentino Pérez. "No podemos ir contra Mou", asegura un miembro de
la plantilla, "porque Florentino lo protege".
La
división original de la plantilla, entre los representados por Jorge Mendes y
el resto, no ayuda a cohesionar a un grupo que ahora cree mayoritariamente que
con este cuerpo técnico el futuro será desagradable.
Mourinho
se ha esforzado por hacer sentir a sus jugadores el peso de su resentimiento.
En el descanso de la ida de los octavos de final de la Copa, contra el Málaga,
reunió a los jugadores y les habló con un aire teatral de supremacía. Dice un
miembro de la audiencia que normalmente "va de divino". Aquella noche
en su expresión se reforzó esa convicción interior, esa idea de que sus
subordinados deben estar a la altura para ser dignos de él. Se habían ido al
descanso con un 2-0 después de encajar dos goles a balón parado, en la ida de
los octavos de Copa contra el Málaga, y el técnico estaba inflamado. Se dirigió
a Casillas responsabilizándole del resultado y lanzó una amenaza general. Les
dijo que habían vuelto fuera de forma de las vacaciones de Navidad y que estaba
dispuesto a denunciarlos en público. Según uno de los asistentes, su amenaza
resultó asombrosa: "Daré los nombres a la prensa".
Casillas
suele ser un tipo pacífico. Excesivamente pacífico, según algunos de sus
compañeros. En esa ocasión, sin embargo, tuvieron la impresión de que le faltó
poco para abalanzarse sobre el entrenador. La ira del capitán resumió el
agotamiento creciente de la plantilla ante un líder que ha hecho de la presión
ambiental una rutina y en el que la mayoría ha dejado de creer. Los clásicos
del último año contribuyeron a desgastar la relación en ambos sentidos. Si el
5-0 alteró para siempre los procedimientos del técnico, el 1-3 del 10 de
diciembre culminó con el ciclo. Ese día Mourinho se despreocupó por lo que
pensaran sus futbolistas y, harto de que le cuestionaran, furioso porque muchos
no dejaban de mirarle como a un extraño, resolvió imponer sus criterios hasta
las últimas consecuencias. El último clásico es la conclusión.
Un
Mourinho para cada clásico
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Antes del 5-0 en Liga en el Bernabéu (28-11-2010), Mourinho aseguró: "Me
motiva más la Copa de Europa". "Espero que mi equipo tenga la
mentalidad suficiente para perder y continuar confiando en sí mismo o ganar y
seguir teniendo los pies en la tierra". "Veo, con los datos en la
mano, que el Barça es feliz con Iturralde y el Madrid menos". Tras el
partido, el portugués dijo: "¿Humillación? ¡Para nada! Es la mayor derrota
de mi carrera. (...) Pero es una derrota muy fácil de digerir. Es una derrota
sin posibilidades. (...) Ha habido un equipo que ha jugado al máximo (...) y
otro que ha jugado muy mal. Ha sido una derrota muy merecida".
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Antes del empate en el Bernabéu (1-1) en Liga (15-04-2011). Ni una palabra.
Compareció junto a Karanka y delegó en su segundo lo que provocó el plante de
la prensa.
Tras
el encuentro afirmó: "Estoy cansado de acabar todos mis partidos contra el
Barcelona con 10. Solo pido competir en igualdad. (...) Pero eso, en España y
en Europa, es misión imposible". Mourinho anunció que solo hablaría
"con los directores" de los medios por el plante de la prensa.
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Antes de ganar la Copa (0-1) el 19 de abril del año pasado, el técnico dijo:
"Como decía mi amigo Messina, aquí nunca sabes si la prensa de Madrid
quiere que ganemos". "Ya he ganado otras copas y por eso estoy
sereno. Cuando fui contratado no me hicieron prometer títulos".
Tras
la final cambió el paso: "Me gusta ser un entrenador de títulos. (...) He
ganado cuatro Copas en cuatro países". Y añadió: "Fue un gran
partido. Hay gente para la que un gran fútbol solo equivale a una gran
posesión". "Mi trabajo (...) no tiene que ver con títulos. Tiene que
ver con cambiar (...) la estructura del club y la mentalidad".
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Ante la ida de la semifinal de la 'Champions' en casa (26-04-2011):
-"Nunca había visto lo de Pep. Ha empezado una nueva era: criticar el
acierto del árbitro".
Y
tras el partid0 (0-2) afirmó: "Estamos eliminados. Mi pregunta es ¿por
qué? ¿Por qué no dejan que los otros equipos jueguen contra ellos?".
"Ellos
tienen lo más difícil, que es el poder". "Si le digo al árbitro y a
la UEFA lo que pienso mi carrera se acaba".
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Antes de la vuelta, el 2 de mayo, tras ser sancionado por sus palabras, delega
de nuevo en Karanka. Y después del partido es el vasco quien dice: "Mou
tenía razón. Era imposible que pasáramos".
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Antes de la ida de la Supercopa (13-08-2011): "No busco ni venganza ni
justicia. Busco un partido verdadero, en el que los jugadores se
respeten". "Es el torneo más importante del verano y el menos
importante de la temporada". Tras empatar a 2 Karanka dijo: "El
equipo ha mejorado. Pero hay cosas que no cambian".
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Ante la vuelta, el 16 de agosto, Karanka aseguró: "Si hacemos el mismo
partido que en la ida, la Supercopa vendrá a Madrid". Cuando el Madrid
perdió (3-2) fue Mourinho el que salió: "Hemos hecho un partido
espectacular. Hemos venido a jugar. (...) Hemos demostrado que somos mucho
mejor equipo que el año pasado". "Sobre Pito Vilanova, o como se
llame, no tengo nada que ocultar".
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El 9 de diciembre, ante el primer partido de esta Liga: "¿Si es una
oportunidad para dejar herido al Barcelona? Pues si mañana acabamos a nueve
puntos de ellos, mejor. Pero la distancia de tres, seis o nueve no va a cambiar
nuestra forma de trabajar y pensar". Y tras perder en casa (1-3): "Ha
sido consecuencia del azar".
