martes 17 de enero de 2012

El adiós de un ídolo



A los 39 años, el futbolista peruano más querido de las últimas dos décadas se despide de las canchas. Roberto Palacios es el responsable de algunas de las mayores alegrías que nos ha dado la selección peruana. De ahora en adelante, el ‘Chorri’ se dedicará a buscar nuevos talentos y a prepararse para dirigir algún día a Sporting Cristal, el club de sus amores.

Por Óscar Miranda

Era marzo del 2000. Faltaban dos días para nuestro debut frente a Paraguay en las eliminatorias al Mundial de Corea-Japón 2002. Una trasnacional había contactado a algunos seleccionados para que, en caso de anotar, mostraran bajo sus camisetas un polo con su marca. El ‘Chorri’ había dicho que no. Pero la propuesta hizo que se le ocurriera una idea parecida. En un papel escribió cuatro frases: “Cristo, bendice a mi Perú”, “Gracias, Señor, por hacerme peruano”, “Te amo Perú” y otra más que ya ha olvidado. Le pidió a ‘Conejo’, el asistente del utilero de la selección, que fuera a Gamarra y las mandara a imprimir en cuatro polos distintos. El día del partido, ‘Conejo’ llegó con los polos a la concentración en la Videna. El que decía “Te amo Perú” era rojo, con letras blancas. La frase parecía un grito. El ‘Chorri’ se dio cuenta de que ese era el indicado. Horas después, en un Estadio Nacional estremecido por el aliento de 45 mil hinchas, tras clavar el balón en un ángulo imposible para Chilavert y con ello definir el triunfo, el ‘Chorri’, frenéticamente emocionado, se alzó la camiseta y enseñó el polo a la tribuna como quien entrega una ofrenda. Ya era un ídolo, pero esa noche se metió definitivamente en el corazón de un pueblo.

“Yo, en lugar de aceptar lo que ofreció la empresa, decidí hacer algo más valioso, que me hiciera más rico, y me hizo más rico porque el cariño de la gente no tiene precio”, recuerda ahora el ‘Chorri’, Roberto Carlos Palacios Mestas, sentado en una banca frente al mar de Chorrillos.

Hace solo dos días que anunció su retiro del fútbol profesional, después de 20 años. Ha pasado tan poco tiempo que todavía no ha terminado de asimilar la idea. Por estos días, atareado con las entrevistas en prensa, las llamadas de los amigos y las conversaciones con los gerentes del club Sporting Cristal, anda sobre una nube. Pero tarde o temprano la conciencia de su condición de futbolista retirado le llegará, una mañana frente al espejo o cuando vea a sus ex compañeros prepararse para iniciar el campeonato. Y quizás entonces el ‘Chorri’, hombre sensible como pocos en el balompié nacional, llore de nuevo. Como un guerrero herido, impotente, desesperado por partir a la próxima batalla.

El chico que deslumbró

Palacios nació en 1972. Su barrio es la Urbanización Marcavilca, “cerca del penal Santa Mónica, para el lado del cerro”, en Chorrillos. Hogar de escasez, con un padre chofer del Ministerio de Marina, una madre costurera y siete hermanos. El ‘Chorri’ colaboraba con los ingresos de la casa recogiendo botellas y periódicos que luego revendía, pero se daba un tiempo para pelotear en la pampita, luego en la losa del barrio y, ya más grande, en los torneos que se organizaban en el distrito, en los que destacaba comandando el ataque del club Turner de Marcavilca.

A los 12, después de un paso de tres meses por las inferiores de Alianza Lima, llegó a Sporting Cristal. Alberto Gallardo lo había visto en un cuadrangular organizado por la institución rimense en el que el ‘Chorri’ jugó reforzando su antiguo club, el Sporting Colina de Surquillo. El ‘Jet’ le dijo a doña Marcela Mestas que lo llevara al día siguiente al club. En los siguientes seis años, en las categorías de Menores y Juveniles, Palacios la rompió.

Debutó en Primera en octubre de 1991 ante Municipal. Como suplente en el primer equipo, Juan Carlos Oblitas lo usaba de lateral derecho, quizás porque dudaba de que con su físico esmirriado pudiera cumplir como volante. Pero entonces, dos días antes del duelo con el ‘Muni’, el asistente Luis Reyna lo alineó en el mediocampo. Y un día antes el ‘Ciego’ le dijo que sería titular, en reemplazo de la máxima figura celeste, Julio César Uribe: “Tú solo haz lo que sabes hacer, sal a divertirte”. El ‘Chorri’ jugó un gran primer tiempo y dio un pase gol. La fecha siguiente marcó dos tantos. Desde entonces se volvió titular. Ese año ganó el premio a Jugador Revelación del campeonato.

Palacios fue pieza fundamental de la ‘Máquina Celeste’ que campeonó en 1994, 1995 y 1996 y que culminó ese proceso de maduración en la extraordinaria campaña en la Libertadores de 1997. Para ese año, él ya había sido jalado por el Puebla de México, en el que solo estuvo seis meses (se dice que fue el fichaje más caro de la época), y se fue a préstamo al Cruzeiro, con el que se dio el lujo de disputar la Copa Intercontinental. Más tarde volvió a tierras aztecas, donde jugó por los Tecos, el Atlas y el Monarcas Morelia. En el 2004 aterrizó en Colombia para vestir la casaquilla del Deportivo Cali y al año siguiente se mudó a la Liga Deportiva de Quito (LDU), donde se puso otra vez a las órdenes de Oblitas, quien armó un superequipo (con Álex Aguinaga y Palacios como principales figuras) que se llevó el campeonato ecuatoriano del 2005.

Historia de un ‘chorrigolazo’

Su desempeño en la selección le trajo respeto internacional pero sobre todo admiración en nuestra patria. Debutó con la blanquirroja en el preolímpico de Asunción en 1993, en la Copa América de 1995 se apropió de la camiseta número 10 y en las eliminatorias a Francia 98 se convirtió en figura. Un gol a Uruguay, por ejemplo, lo elevó a la categoría de héroe.

Esa noche, todos lo recordamos, Perú acabó el primer tiempo perdiendo 1 a 0. Palacios dice que en el camarín Oblitas no les metió un ‘café’ sino todo lo contrario. “Nos dijo ‘no les voy a hablar de cómo están jugando porque yo sé todo lo que ustedes pueden dar. Lo único que les voy a pedir es que se demuestren a ustedes mismos, y me demuestren a mí, de qué están hechos’”. La selección que salió a la cancha del Nacional tenía otra actitud. El ‘Chorri’ despertó. En cierto momento, se fue por la banda izquierda, se sacó a su marcador y lanzó el derechazo. Siboldi se estiró pero nada pudo hacer. Mucha gente todavía dice que ese fue el gol que más gritó en su vida. Cuando, minutos después, Carty puso el segundo, el grito que salió de las gargantas peruanas dejó a muchos afónicos. Ese gol también pudo estar en los botines de Palacios, pero el arquero uruguayo estuvo acertado. “Imagínate si lo hubiera hecho. Ya con dos goles no sé cómo salía del estadio”, se ríe.

El otro gol que recuerda mucho es el que le hizo a Bolivia en la Copa América del 2004, en Lima. El ‘Chorri’ había estado con fiebre y Paulo Autuori lo había dejado en la banca. Bolivia nos iba ganando 2 a 1. Mientras calentaba, Palacios oía cómo la gente lo reclamaba desde la tribuna sur. “¡Chooorri! ¡Chooorri!”. El técnico lo llamó y el ‘Chorri’ entró acelerado y levantó a la gente. Y faltando 5 minutos para que acabara el partido puso el empate. Dos sombreritos y un zurdazo. Una joyita.

Pese a que, con el paso de los años, su desempeño decayó físicamente y dejó de ser convocado por los técnicos que estuvieron a cargo de la selección, Palacios siempre ha sido bien recibido en los estadios. Los hinchas le dicen que con él era otra cosa y le preguntan por qué no sigue vistiendo la camiseta nacional. Dice que a veces prefiere no ir porque cuando la gente le pide que vuelva no puede evitar sentir una irremediable nostalgia. Eso ocurrió en el último partido de la selección, en octubre, ante Paraguay. “Cuando llegué a mi sitio en la tribuna la gente se paró y me aplaudió. Me la pasé haciéndome fotos y casi no vi el partido”, comenta sonriendo.

¿Qué es lo más bonito que te han dicho de tu paso por la selección?, le pregunto. “Muchos me dicen que los he hecho llorar. Algunos que los he hecho emborracharse (risas). La mayoría dice que los he emocionado”, señala. En cierto momento, se pone serio y asegura que cuando jugaba con la blanquirroja su objetivo era precisamente ese: “que cuando me vieran jugar se olvidaran de los momentos tristes, que con mis goles tuvieran un poco de alegría”.

Pocos dudan de que el ‘Chorri’ es el jugador más querido de los últimos 20 años. La gente lo detiene en la calle para saludarlo; en los restaurantes nunca le quieren cobrar y cuando maneja su BMW azul los choferes lo saludan gritándole “¡Chorri!, ¡Chorri!”. Mientras conversamos, al borde de la Costanera, dos camionetas con familiones dentro se han detenido para tomarse fotos con el ídolo. El afecto de la gente se siente por donde va. A eso se refería cuando decía que quería ser rico: a este cariño popular más valioso que el dinero y que ahora parece querer arroparlo, consolarlo, secarle las lágrimas del adiós.

El ‘chorri’ no se va

El 12 de febrero, día de la presentación oficial de su equipo, Sporting Cristal despedirá con honores a uno de sus más grandes ídolos. Las versiones que hablan de una despedida con Ronaldinho, Cafú y otras estrellas son extraoficiales y corresponderían a un partido que planea organizar el propio ex jugador. El adiós a la selección nacional será en el próximo duelo amistoso que esta dispute en Lima. A partir de ahora, Palacios trabajará como cazatalentos del club, buscando chicos en torneos por todo el país. En paralelo, Cristal financiará sus estudios como director técnico de fútbol. El club también ha decidido que ningún jugador use la casaquilla número 10, al menos por este año.