A
los 39 años, el futbolista peruano más querido de las últimas dos décadas se
despide de las canchas. Roberto Palacios es el responsable de algunas de las
mayores alegrías que nos ha dado la selección peruana. De ahora en adelante, el
‘Chorri’ se dedicará a buscar nuevos talentos y a prepararse para dirigir algún
día a Sporting Cristal, el club de sus amores.
Por
Óscar Miranda
Era
marzo del 2000. Faltaban dos días para nuestro debut frente a Paraguay en las
eliminatorias al Mundial de Corea-Japón 2002. Una trasnacional había contactado
a algunos seleccionados para que, en caso de anotar, mostraran bajo sus
camisetas un polo con su marca. El ‘Chorri’ había dicho que no. Pero la
propuesta hizo que se le ocurriera una idea parecida. En un papel escribió
cuatro frases: “Cristo, bendice a mi Perú”, “Gracias, Señor, por hacerme
peruano”, “Te amo Perú” y otra más que ya ha olvidado. Le pidió a ‘Conejo’, el
asistente del utilero de la selección, que fuera a Gamarra y las mandara a
imprimir en cuatro polos distintos. El día del partido, ‘Conejo’ llegó con los
polos a la concentración en la Videna. El que decía “Te amo Perú” era rojo, con
letras blancas. La frase parecía un grito. El ‘Chorri’ se dio cuenta de que ese
era el indicado. Horas después, en un Estadio Nacional estremecido por el
aliento de 45 mil hinchas, tras clavar el balón en un ángulo imposible para
Chilavert y con ello definir el triunfo, el ‘Chorri’, frenéticamente
emocionado, se alzó la camiseta y enseñó el polo a la tribuna como quien
entrega una ofrenda. Ya era un ídolo, pero esa noche se metió definitivamente
en el corazón de un pueblo.
“Yo,
en lugar de aceptar lo que ofreció la empresa, decidí hacer algo más valioso,
que me hiciera más rico, y me hizo más rico porque el cariño de la gente no
tiene precio”, recuerda ahora el ‘Chorri’, Roberto Carlos Palacios Mestas,
sentado en una banca frente al mar de Chorrillos.
Hace
solo dos días que anunció su retiro del fútbol profesional, después de 20 años.
Ha pasado tan poco tiempo que todavía no ha terminado de asimilar la idea. Por
estos días, atareado con las entrevistas en prensa, las llamadas de los amigos
y las conversaciones con los gerentes del club Sporting Cristal, anda sobre una
nube. Pero tarde o temprano la conciencia de su condición de futbolista
retirado le llegará, una mañana frente al espejo o cuando vea a sus ex
compañeros prepararse para iniciar el campeonato. Y quizás entonces el
‘Chorri’, hombre sensible como pocos en el balompié nacional, llore de nuevo.
Como un guerrero herido, impotente, desesperado por partir a la próxima
batalla.
El
chico que deslumbró
Palacios
nació en 1972. Su barrio es la Urbanización Marcavilca, “cerca del penal Santa
Mónica, para el lado del cerro”, en Chorrillos. Hogar de escasez, con un padre
chofer del Ministerio de Marina, una madre costurera y siete hermanos. El
‘Chorri’ colaboraba con los ingresos de la casa recogiendo botellas y
periódicos que luego revendía, pero se daba un tiempo para pelotear en la
pampita, luego en la losa del barrio y, ya más grande, en los torneos que se
organizaban en el distrito, en los que destacaba comandando el ataque del club
Turner de Marcavilca.
A
los 12, después de un paso de tres meses por las inferiores de Alianza Lima,
llegó a Sporting Cristal. Alberto Gallardo lo había visto en un cuadrangular
organizado por la institución rimense en el que el ‘Chorri’ jugó reforzando su
antiguo club, el Sporting Colina de Surquillo. El ‘Jet’ le dijo a doña Marcela
Mestas que lo llevara al día siguiente al club. En los siguientes seis años, en
las categorías de Menores y Juveniles, Palacios la rompió.
Debutó
en Primera en octubre de 1991 ante Municipal. Como suplente en el primer
equipo, Juan Carlos Oblitas lo usaba de lateral derecho, quizás porque dudaba
de que con su físico esmirriado pudiera cumplir como volante. Pero entonces,
dos días antes del duelo con el ‘Muni’, el asistente Luis Reyna lo alineó en el
mediocampo. Y un día antes el ‘Ciego’ le dijo que sería titular, en reemplazo
de la máxima figura celeste, Julio César Uribe: “Tú solo haz lo que sabes
hacer, sal a divertirte”. El ‘Chorri’ jugó un gran primer tiempo y dio un pase
gol. La fecha siguiente marcó dos tantos. Desde entonces se volvió titular. Ese
año ganó el premio a Jugador Revelación del campeonato.
Palacios
fue pieza fundamental de la ‘Máquina Celeste’ que campeonó en 1994, 1995 y 1996
y que culminó ese proceso de maduración en la extraordinaria campaña en la
Libertadores de 1997. Para ese año, él ya había sido jalado por el Puebla de
México, en el que solo estuvo seis meses (se dice que fue el fichaje más caro
de la época), y se fue a préstamo al Cruzeiro, con el que se dio el lujo de
disputar la Copa Intercontinental. Más tarde volvió a tierras aztecas, donde
jugó por los Tecos, el Atlas y el Monarcas Morelia. En el 2004 aterrizó en
Colombia para vestir la casaquilla del Deportivo Cali y al año siguiente se
mudó a la Liga Deportiva de Quito (LDU), donde se puso otra vez a las órdenes
de Oblitas, quien armó un superequipo (con Álex Aguinaga y Palacios como
principales figuras) que se llevó el campeonato ecuatoriano del 2005.
Historia
de un ‘chorrigolazo’
Su
desempeño en la selección le trajo respeto internacional pero sobre todo
admiración en nuestra patria. Debutó con la blanquirroja en el preolímpico de
Asunción en 1993, en la Copa América de 1995 se apropió de la camiseta número
10 y en las eliminatorias a Francia 98 se convirtió en figura. Un gol a
Uruguay, por ejemplo, lo elevó a la categoría de héroe.
Esa
noche, todos lo recordamos, Perú acabó el primer tiempo perdiendo 1 a 0.
Palacios dice que en el camarín Oblitas no les metió un ‘café’ sino todo lo
contrario. “Nos dijo ‘no les voy a hablar de cómo están jugando porque yo sé
todo lo que ustedes pueden dar. Lo único que les voy a pedir es que se
demuestren a ustedes mismos, y me demuestren a mí, de qué están hechos’”. La
selección que salió a la cancha del Nacional tenía otra actitud. El ‘Chorri’
despertó. En cierto momento, se fue por la banda izquierda, se sacó a su
marcador y lanzó el derechazo. Siboldi se estiró pero nada pudo hacer. Mucha
gente todavía dice que ese fue el gol que más gritó en su vida. Cuando, minutos
después, Carty puso el segundo, el grito que salió de las gargantas peruanas
dejó a muchos afónicos. Ese gol también pudo estar en los botines de Palacios,
pero el arquero uruguayo estuvo acertado. “Imagínate si lo hubiera hecho. Ya con
dos goles no sé cómo salía del estadio”, se ríe.
El
otro gol que recuerda mucho es el que le hizo a Bolivia en la Copa América del
2004, en Lima. El ‘Chorri’ había estado con fiebre y Paulo Autuori lo había
dejado en la banca. Bolivia nos iba ganando 2 a 1. Mientras calentaba, Palacios
oía cómo la gente lo reclamaba desde la tribuna sur. “¡Chooorri! ¡Chooorri!”.
El técnico lo llamó y el ‘Chorri’ entró acelerado y levantó a la gente. Y
faltando 5 minutos para que acabara el partido puso el empate. Dos sombreritos
y un zurdazo. Una joyita.
Pese
a que, con el paso de los años, su desempeño decayó físicamente y dejó de ser
convocado por los técnicos que estuvieron a cargo de la selección, Palacios
siempre ha sido bien recibido en los estadios. Los hinchas le dicen que con él
era otra cosa y le preguntan por qué no sigue vistiendo la camiseta nacional.
Dice que a veces prefiere no ir porque cuando la gente le pide que vuelva no
puede evitar sentir una irremediable nostalgia. Eso ocurrió en el último
partido de la selección, en octubre, ante Paraguay. “Cuando llegué a mi sitio
en la tribuna la gente se paró y me aplaudió. Me la pasé haciéndome fotos y
casi no vi el partido”, comenta sonriendo.
¿Qué
es lo más bonito que te han dicho de tu paso por la selección?, le pregunto.
“Muchos me dicen que los he hecho llorar. Algunos que los he hecho
emborracharse (risas). La mayoría dice que los he emocionado”, señala. En
cierto momento, se pone serio y asegura que cuando jugaba con la blanquirroja
su objetivo era precisamente ese: “que cuando me vieran jugar se olvidaran de
los momentos tristes, que con mis goles tuvieran un poco de alegría”.
Pocos
dudan de que el ‘Chorri’ es el jugador más querido de los últimos 20 años. La
gente lo detiene en la calle para saludarlo; en los restaurantes nunca le
quieren cobrar y cuando maneja su BMW azul los choferes lo saludan gritándole
“¡Chorri!, ¡Chorri!”. Mientras conversamos, al borde de la Costanera, dos
camionetas con familiones dentro se han detenido para tomarse fotos con el ídolo.
El afecto de la gente se siente por donde va. A eso se refería cuando decía que
quería ser rico: a este cariño popular más valioso que el dinero y que ahora
parece querer arroparlo, consolarlo, secarle las lágrimas del adiós.
El
‘chorri’ no se va
El
12 de febrero, día de la presentación oficial de su equipo, Sporting Cristal
despedirá con honores a uno de sus más grandes ídolos. Las versiones que hablan
de una despedida con Ronaldinho, Cafú y otras estrellas son extraoficiales y
corresponderían a un partido que planea organizar el propio ex jugador. El
adiós a la selección nacional será en el próximo duelo amistoso que esta
dispute en Lima. A partir de ahora, Palacios trabajará como cazatalentos del
club, buscando chicos en torneos por todo el país. En paralelo, Cristal
financiará sus estudios como director técnico de fútbol. El club también ha
decidido que ningún jugador use la casaquilla número 10, al menos por este año.
