ES
UNA PENA QUE EN LAS PELÍCULAS DE DIBUJOS ANIMADOS LOS VILLANOS NUNCA GANEN,
PUES MUCHOS DE ELLOS SON VERDADEROS GENIOS DE LA INNOVACIÓN Y HASTA PODRÍAN
ENSEÑARLES ALGUNAS LECCIONES A LOS EMPRESARIOS DE HOY
Por:
Augusto Townsend Klinge
Quizá
usted haya visto en el cine o en casa con sus hijos “Los Increíbles”, aquella
película de Pixar que ganó dos premios Óscar y se convirtió en un clásico de la
animación computarizada.
Trate
de recordar cómo iba la trama: en un mundo en el cual los superhéroes habían
caído en desgracia, al punto de tener que vivir en la clandestinidad, un joven
adolescente, carente de superpoderes pero poseedor de una billetera sin límites
(cosa posible en las películas), estaba obsesionado con encontrarlos a todos y
derrotarlos, para así ser ungido como el único gran superhéroe remanente.
¿Qué
tiene que ver todo esto con la CADE de este año? Pues Syndrome, como se hacía
llamar aquel villano del filme, era en apariencia un ‘geek’ de la tecnología.
No tenía la fuerza sobrehumana de Mr. Increíble, ni la velocidad de Dash, ni la
capacidad de manipular el hielo de Frozone. Pero todo eso lo podía suplantar
con su habilidad para crear robots indestructibles, que solo él sabía cómo
batir en duelo.
Fíjese
ahora en el siguiente detalle: Syndrome bien podría haber sido la versión
animada de Steve Jobs, un malvado pero genial gurú de la innovación. Y
ciertamente no es el primero. Si para usted “Los Increíbles” es una película
muy reciente, quizá recuerde a Wile E. Coyote y su maniaca persecución del
Correcaminos de Warner Bros. No sé si ustedes, pero yo de niño soñaba con que
Wile atrapara a ese pájaro burlón con sus ocurrentes trampas.
EL
MÉTODO
Syndrome,
el villano de “Los Increíbles”, era en esencia un metódico y diligente
inventor. Como tal, comprendía lo ilusos que son aquellos ‘genios’ que creen
que de un plumazo van a crear su obra maestra.
La
clave de la innovación está en hacer prototipos. Por ello, su estrategia
consistía en desarrollar un modelo y probar si este podía vencer al superhéroe
de turno. Si el robot perdía la lid, Syndrome analizaba el porqué del fracaso,
planteaba cambios al prototipo y luego lanzaba al ruedo la versión mejorada
para ver cómo se desempeñaba esta vez.
Como
era de esperarse, nuestro villano es superado finalmente por “Los Increíbles”.
De más está decir que los malos nunca triunfan en las películas para niños, por
más genios que sean. Sin embargo, hay que valorarlos por lo que son: modelos
que nos enseñan involuntariamente cómo deben enfrentar los emprendedores el
proceso creativo para ser capaces de innovar.
LAS
LECCIONES
Si
usted aspira a convertirse en un gran innovador, lo primero que debe hacer es
trazarse un reto verdaderamente ambicioso. A falta de superhéroes, propóngase
derrotar a todos sus competidores, o al menos forzarlos a que no les quede más
remedio que imitarlo para permanecer en el mercado.
Segunda
lección trascendental: destierre de su mente cualquier atisbo de miedo al
fracaso. Fracase, y hágalo gloriosamente. El mejor método para innovar –y esto
lo ha demostrado la humanidad una y otra vez– es el ensayo y error. No se
castigue usted ni castigue a los suyos por los traspiés que surjan en el
camino. Apláudalos. Felicítese porque no cualquiera tiene el coraje de
equivocarse. Es casi un arte.
En
lugar de esperar un momento de iluminación que le permita contemplar su idea en
toda su perfección, cree prototipos y pruébelos en las condiciones más
desafiantes. Su perfeccionismo lo va a conducir a la parálisis, así que póngale
coto. Más bien, estructure su proceso creativo de modo que haya instancias en
las cuales usted y su equipo tomen distancia de su creación y evalúen por qué
las cosas no han salido del todo bien.
La
suerte a veces juega su propio partido, pero no cuente con ella. No espere
encontrar atajos, así que sea paciente. Cuando menos lo espere, su idea
madurará frente a sus ojos y, quién sabe, quizá hasta lo convierta en
millonario.
