viernes, 4 de marzo de 2011

Còmo sobrellevar la pèrdida de un ser querido


Nicolle era una niña muy sana. Pero una tarde se quejò de dolor de cabeza y sus padres la llevaron al hospital. A la noche siguiente, estando a´un en observaciòn, sufriò un ataque cardìaco. 

Al hacerle màs exàmenes, los mèdicos descubrieron que padecìa una rara infecciòn bacteriana que se habìa extendido a los pulmones, los riñones y el corazòn.
En menos de cuarenta y ocho horas, la niña estaba muerta. Solo tenìa tres años.

Fuente: Awake! 

LA MUERTE de un ser querido es una de las experiencias màs devastadoras que puede sufrir un ser humano. A veces, la pèrdida pudiera parecer insoportable. “Extraño tanto a Nicolle —dice Isabelle, su madre—. Añoro sus abrazos, su olor, su ternura. Echo de menos la forma en que me daba una flor todos los dìas. La llevo constantemente en mis pensamientos.”¿Ha perdido usted tambièn a un ser amado, ya sea un hijo, un cònyuge, un hermano,uno de sus padres o un amigo ìntimo? Si es asì, ¿de què manera puede sobrellevar el dolor?

A LA mayorìıa de la gente —sea cual sea su cultura o religiòn— le resulta incòmodo hablar de la muerte. Por eso, algunos idiomas recurren a diversos eufemismos. En español, por ejemplo, en vez de decir que alguien “muriò”, suele decirse que “pasò a mejor vida”, “partiò” o “ya no està entre nosotros”. Pero ni siquiera las palabras màs delicadas sirven para aliviar la profunda tristeza que embarga a quienes han perdido a un ser amado.Para algunos, el dolor es tan intenso que simplemente no pueden aceptar la realidad.

Si usted ha perdido a un ser querido, es posible que tambièn le cueste aceptar la pèrdida. Quizàs aparente estar bien, aunque para sus adentros sepa que no es asì. Por supuesto, no todo el mundo sobrelleva la pena del mismo modo, y el hecho de que usted no exteriorice su dolor no significa que no estè sufriendo. No obstante, puede haber problemas si uno se siente obligado a hacerse el fuerte ante los demàs, por ejemplo, ante otros miembros de la familia que tambièn estàn de duelo.

“No tenìa tiempo para llorar mi propia pèrdida”
Escuchemos lo que dice Nathaniel, que perdiò a su madre cuando tenìa 24 años: “Al principio no sabìa que hacer. Pensaba que debìa servir de apoyo a mi padre y a los muchos amigos de mi madre que estaban consternados. Yo no tenía tiempo para llorar mi propia perdida”.

Aunque ha pasado más de un año, Nathaniel aùn no lo ha superado.El relata: “Papa todavía me llama de vez en cuando para desahogarse, y eso es bueno.El necesita hablar, y me alegra poder ayudarlo. Solo que cuando yo necesito desahogarme, siento que no tengo a quien acudir”.

Quienes se dedican a cuidar de otros —por ejemplo, los médicos que deben enfrentarse con frecuencia a la realidad de la muerte— se ven asimismo obligados a reprimir sus sentimientos. El caso de Heloisa, que fue médica durante màs de veinte años, es un buen ejemplo. Desempeñaba su trabajo en una comunidad muy unida y tenía una estrecha relación con sus pacientes. Ella recuerda: “Estuve al lado de muchos de ellos cuando murieron, y algunos eran amigos muy allegados”.

Heloisa comprendía que llorar era una forma natural de encontrar alivio, pero explica: “Se me hacía difícil llorar. Como estaba tan preocupada por ser un buen ejemplo para los demás, pensaba que debía reprimir mis sentimientos. Creía que eso era lo que se esperaba de mí”.

“La casa me parecía vacía sin ella” 
Enfrentarse a la soledad quizás sea uno de los mayores desafíos para quienes pierden a un ser querido. Ashley, que tenía 19 años cuando su madre murió de cáncer, reconoce: “Me sentía totalmente sola y perdida. Mi madre era mi mejor amiga. ¡Pasábamos juntas tanto tiempo!”. 


Lógicamente, a Ashley le resultaba difícil volver a casa cada día y darse cuenta de que su madre ya no estaba allí. “La casa me parecía vacía sin ella —recuerda—. Muchas veces me iba a mi habitación y lloraba mientras miraba sus fotografías y pensaba en las cosas que hacíamos juntas.”

Tenga la seguridad de que si usted ha perdido a un miembro de su familia o a un amigo querido, no está solo en su dolor. A continuación veremos como muchas personas han encontrado formas eficaces de sobrellevar la pena.

DESPUÉS de la muerte de un ser querido es común experimentar una serie de emociones abrumadoras: conmoción, aturdimiento, tristeza e incluso culpa o enojo. Tal como se mencionó en el artículo anterior, no todo el mundo sobrelleva la pena del mismo modo.

Puede que usted no experimente todos esos sentimientos ni exteriorice su dolor de la misma forma que otras personas. Sin embargo, no hay nada de malo en que exprese su tristeza si lo necesita. 

“Desahóguese”
Heloisa, citada anteriormente, intentó reprimir sus sentimientos tras el fallecimiento de su madre. Ella relata: “Al principio lloré, pero enseguida empecé a contenerme como hacía cuando perdía a uno de mis pacientes. Tal vez por eso mi salud se deterioró bastante. Mi consejo a quien ha perdido a un ser querido es: desahóguese. Exteriorizar los sentimientos aliviará la presión a la que está sometido”.

No obstante, a medida que pasan los días y las semanas, es posible que usted llegue a sentirse como Cecilia, cuyo esposo murió de cáncer. “A veces me siento decepcionada conmigo misma —dice— por no haber cumplido las expectativas de los que piensan que ya debería haberlo superado.” 

Si le vienen a la mente pensamientos como este , recuerde que no existe una forma “correcta” de vivir el duelo. Algunas personas logran seguir adelante con relativa facilidad, pero otras no. En tales casos, no se puede acelerar el proceso, así que no se sienta obligado a cumplir con algún “plazo” en el que supuestamente ya debería sentirse mejor. 

Pero ¿qué hay si su dolor es como un pozo sin fondo y lo está consumiendo la desesperación? Quizás su experiencia sea similar a la de Jacob, un hombre justo que, al enterarse de que su hijo José había muerto, “siguió rehusando recibir consuelo” (Génesis 37:35). Si usted ha reaccionado de la misma forma, ¿Qué pasos prácticos puede dar para no verse abrumado por el dolor? 

Cuídese. “A veces siento un cansancio enorme y la sensación de que he sobrepasado mis límites”, dice Cecilia. Tal como indican estas palabras, la factura que el dolor pasa puede ser muy elevada, tanto física como emocionalmente. Por lo tanto, es bueno que preste atención particular a su salud. Descanse lo suficiente e ingiera alimentos nutritivos. 

Claro, es muy probable que no tenga demasiadas ganas de comer, y mucho menos de hacer la compra o cocinar. No obstante, descuidar la alimentación puede dejarlo propenso a infecciones y enfermedades, y eso solo agravará su ansiedad. Trate de comer al menos pequeñas cantidades para mantenerse saludable. (Aunque el alcohol puede contribuir a amortiguar el dolor, sus efectos son temporales. A la larga, no le ayudará a superar la pena y puede crearle dependencia). 

Si es posible, realice algún tipo de ejercicio, aunque solo sea caminar. La actividad física puede servirle para salir de casa. Además, el ejercicio moderado desencadena la liberación de endorfinas, unas sustancias químicas presentes en el cerebro que aumentan la sensación de bienestar.

Acepte ayuda. Aceptar ayuda resulta especialmente importante cuando muere el cónyuge. Quizás haya una serie de cosas de las que él o ella se ocupaba y que han quedado desatendidas. Por ejemplo, si usted no era quien se encargaba del presupuesto o de las tareas domésticas, a lo mejor al principio le resulte difícil hacer esto solo. En tales circunstancias, los consejos de amigos discretos pueden serle muy útiles (Proverbios 25:11).

La Biblia describe a un amigo verdadero como alguien “nacido para cuando hay angustia” (Proverbios 17:17). Por eso, no se aísle pensando que va a convertirse en una carga para los demás. Al contrario, relacionarse con otros puede ser como un puente que le ayude a pasar del dolor a la aceptación. Tras la muerte de su madre, una joven llamada Sally notó que estar con la gente le levantaba el ánimo. Ella cuenta: “Muchos de mis amigos me incluían en sus actividades sociales, y eso fue una gran ayuda para superar la profunda soledad que sentía. Siempre agradecía que la gente me hiciera preguntas sencillas, del tipo ‘¿Cómo llevas la muerte de tu madre?’. Vi que hablar de ella me ayudaba a sanar las heridas”.

Permítase recordar. Trate de recordar momentos felices que compartió con su ser querido, tal vez mirando fotografías. Es cierto que hacerlo puede resultar doloroso al principio. No obstante, con el tiempo esos recuerdos lo ayudarán a sanar en vez de provocarle dolor. 
Podría anotar en un diario sus recuerdos agradables, incluyendo las cosas que le gustaría haberle dicho a su ser querido mientras el o ella estaba vivo. Poner sus sentimientos por escrito posiblemente le sirva para verlos en su debida perspectiva, además de proporcionarle un desahogo saludable a sus emociones.

¿Y qué tal la idea de guardar objetos personales del ser querido como recuerdo? Las opiniones varían. Y no es de extrañar, ya que cada persona vive el duelo de forma diferente. Algunas piensan que conservar las pertenencias del difunto impide la recuperación, mientras que a otras les ayuda. Sally, mencionada antes, dice: “Guardo muchas cosas que eran de mi madre, y eso me ha ayudado a afrontar la situación”.

Confíe en “el Dios de todo consuelo”. La Biblia promete: “Arroja tu carga sobre Jehová mismo, y èl mismo te sustentará” (Salmo 55:22). La oración no es una especie de muleta emocional. Es una comunicación real y vital con “el Dios de todo consuelo, que nos consuela en toda nuestra tribulación” (2 Corintios 1:3, 4). 

La Palabra de Dios, la Biblia, nos suministra el mayor consuelo. El apóstol Pablo declaró: “Tengo esperanza en cuanto a Dios [...] de que va a haber resurrección así de justos como de injustos” (Hechos 24:15). Pensar en la esperanza de la resurrección es la mejor manera de consolarse cuando se llora la pérdida de un ser querido. Así lo comprobó Lauren, cuyo hermano murió en un accidente siendo un muchacho: “Sin importar lo mal que me sintiera, abría la Biblia y leía aunque solo fuera un versículo. Escogía los que me resultaban màs animadores y los leía una y otra vez. Por ejemplo, me consolaba con lo que Jesús le dijo a Marta después de la muerte de Lázaro: ‘Tu hermano se levantarà” (Juan 11: 23 ) . 

“No tiene por qué dominar tu vida”
Aunque le resulte muy difícil, esforzarse por superar el dolor le ayudará a seguir adelante con su vida. No se sienta culpable por ello, como si estuviera traicionando a su ser querido u olvidándolo. Lo cierto es que nunca lo olvidará. Habrá ocasiones en que le asaltarán los recuerdos, pero los síntomas de angustia cederán gradualmente. 

También es posible que le vengan a la mente recuerdos agridulces. Ashley, citada en el artículo anterior, dice: “Recuerdo el día antes de que mi madre muriera. Parecía que estaba mejor y se había levantado de la cama por primera vez en varios días. Mientras mi hermana le cepillaba el pelo, las tres empezamos a reír nos por algo y vi una sonrisa en la cara de mi madre que no había visto en mucho tiempo.¡Se sentía tan contenta por el simple hecho de estar allí con sus hijas!”. 

A veces recordará las valiosas lecciones que aprendió de su ser querido y podrá reflexionar sobre ellas. Al respecto, Sally comenta: “Mamá era una maestra estupenda. Te daba muy buenos consejos sin que pareciera que te los estaba dando, y me enseñó a tomar buenas decisiones que eran mis propias decisiones y no solo lo que ella o papá decían”.

Los recuerdos de su ser querido pueden ser lo que usted precisamente necesita para seguir adelante. Eso es lo que descubrió un joven llamado Alex: ,“Cuando mi padre murió, decidí seguir viviendo tal como él me había enseñado: no olvidando nunca que hay que disfrutar de la vida. A cualquiera que haya perdido a su padre o a su madre le diría esto: ‘Su muerte nunca llega a superarse del todo, pero no tiene por qué dominar tu vida. Demuestra tu pena como creas que debes hacerlo, pero recuerda que aùn te queda una vida por delante que tienes que aprovechar’”. 

Llevar un diario, mirar fotografías y aceptar ayuda son formas de sobrellevar la pérdida de un ser querido.